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March 15 SILENCE MOMENT Vanya & Zelon
Antes de este momento, Zelon y Vanya descansaban. Se encuentran en el jardín de ella, adornado con pinos y almendros. En el centro del jardín hay un estanque con nenúfares y otras plantas. El cielo está despejado y se oyen algunos grillos cantar. Vanya ha terminado sus obligaciones como residente en la escuela de Alquimia. Es una escuela de prestigio. Pero ella no acaba de creer en su potencial. Zelon es militar. Es noble, y de reconocidos méritos. Conoció a Vanya en una de las excursiones de la escuela. Tuvo que hacerles de escolta. Ella se metió en líos y...Bueno el caso es que al final él tuvo que ser el rescatado :P
- ... - Vanya. - No fuiste tú. - ¿Qué? - Cuando superé La Prueba. No fuiste tú quien me recogió. Ambos se miraron intensamente.
- Tú no pudiste entrar en la sala. Estaba sellada. El cuerpo de Zelon se tensó. Percibía su inquietud. Sus dulces ojos reflejaban tristeza. Su corazón empezó a latir con fuerza. Reunió valor y exclamó: - Te juro que hice lo imposible por entrar. - Fue...¿Él? Esperó un instante antes de asentir. - ¡Oh, Zelon! – se lamentó ella - ¡ Estaba desnuda! - Sí. Pero en cuanto salió te tomé en brazos y te tapé. Estaba tan nervioso que no podía pensar. No quería que se enojase con él. Estuvo allí. La protegió. Debía creerle. - Lo...Lo siento- balbuceó. - No. Está bien – repuso con total serenidad. El silencio se le hacía eterno. Pensó en levantarse pero su cuerpo se paralizó ante la idea de asustarla con su movimiento. ¡Dios! Estaban tan cerca. Podía hasta percibir su aroma. El mismo que el de aquel día. Observaba su piel y recordaba su tacto: tan suave y delicada. Su cuerpo, sin embargo, era áspero, duro. Manchado con feas cicatrices de guerra...De pronto ella se movió. Alzó los brazos hacia su pelo con un gesto que le pareció exquisito, y desprendió su melena. Su cabello olía a flores. Fino, brillante. Sin darse cuenta, una de sus manos le había tomado un mechón. Ella se sobresaltó un poco, pero lo observaba, interesada. Un azote de adrenalina le recorrió el cuerpo. Siguió el mechón hacia abajo. Paró un instante. Luego alzó la mano hasta el flequillo y retiró su melena hacia atrás. Sin pensarlo, llevó sus dedos a su barbilla y la recorrió con delicadeza. Ascendió hasta sus labios: rosados, suaves. De pronto se abrieron y le besaron los dedos. Se sorprendió. No lo esperaba. La miró a los ojos. Ella lo miraba. Estaba tan serena. ¿Cómo lo hacía? Y fue el turno de ella. Posó su pequeña mano sobre su pierna. Sintió su fuerza. La rigidez de sus músculos. Ascendió hasta su cadera. Tuvo que contener la respiración. Su miembro latía con fuerza. Fue cruel. No se detuvo a acariciarlo sino que continuó examinándolo. Ahora, su torso: ancho, fuerte. Posó una palma sobre su cuello. Estaba helada, pero a la vez tan serena...Le acarició el pelo, y usó sus yemas para seguir el contorno de su frente, su nariz, sus pómulos. Él cerró los ojos. Al llegar de nuevo a su ingle, la mano esperó. No sabía seguir. Él abrió lo ojos. Intentaba controlarse. “Poco a poco. No la asustes” se decía. Imitó el recorrido de ella sobre su cuerpo, pero al llegar a los senos los rodeó y los apretó con delicadeza. Ella cerró los ojos y gimió suavemente. Ante esto se sintió estallar. Deseaba más, acercarse, abrazarla, besarla, tomarla allí mismo. Se esforzó por no ser brusco al acercarse. Ella le observaba. Tenía los labios entreabiertos. Le esperaba. Estaban tan cerca...Por un momento ella dudó, y bajó la cara. Él se asustó pero supo qué hacer. Acercó su cuerpo al de ella. Y besó su cuello. Una. Dos. Tres veces. Luego su barbilla. Lentamente. Esperando tras cada uno. La observó. Tenía las cejas fruncidas, el cuerpo encogido, como si cada uno de sus besos la azotará con sensaciones que debía asimilar. Besó una mejilla. Luego la comisura de sus labios. Luego sus labios enteros. Ella le respondía, sin saber muy bien cómo. Los besó con calma. Los abrió. Los penetró con su lengua. Ella se estremecía. Posó los brazos sobre el torso de él. Se sentía más cómoda a cada instante. Y él percibía sus caricias con tremendo placer. Los besos seguían. Quería enseñarle. Fundirse en ella. Exigirle más. Sus respiraciones se aceleraban. Pero, de pronto, ella separó sus labios. Su rostro estaba encendido. Recogió las manos hacia si y le miró. Luego hizo algo que le calmó al instante: sonrió con dulzura y le acarició una mejilla. Le devolvió la sonrisa y cerró los ojos para sentir el contacto. Sabía que lo que brillaba en sus ojos no era temor, sino placer. Le habría ofrecido más pero ya había sido suficiente. O al menos por esa noche. - Buenas noches Zelon- exclamó risueña. - Dulces sueños, Vanya. :}{: Comments (3)
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